domingo, 30 de agosto de 2015

La sociedad de la positividad - Paolo Astorga

La sociedad de la positividad

Escrito por: Paolo Astorga


“La positividad aniquila cualquier deseo de pensar, de lentificación, de contemplación de las cosas que genera su contraparte que es en este caso la negatividad que tiene como eje central el cuestionamiento por medio de la observación, la reflexión y el pensamiento.”



En el libro La sociedad del cansancio (Editorial Herder, 2012) de Byung-Chul Han el autor nos enfrenta ante una realidad que para nadie es un secreto: La sociedad del rendimiento. Esta es una sociedad que vive obsesionada por el deseo de copar su tiempo con un sinfín de actividades, una hiperactividad donde el trabajo y el consumo es el signo central de todo el proceso social. La sociedad del cansancio es una sociedad que no es “controlada”, sino que se la ha dejado elegir y que el verdadero control, en todo caso, es el control de la actitud y no solo del cuerpo.

El libro plantea una dicotomía muy interesante: La positividad y la negatividad. Hoy por hoy vivimos en un mundo altamente positivo, es decir, aquel que se piensa como utopía, donde todo está bien, donde todo se puede solucionar, donde no hay ya ningún problema. La positividad se ha enquistado, se ha convertido en el modus operandi del hombre, porque para “sobrevivir” al mundo debemos desterrar tres actitudes esenciales de nosotros: La contemplación, la curiosidad y la reflexión. La positividad aniquila cualquier deseo de pensar, de lentificación, de contemplación de las cosas que genera su contraparte que es en este caso la negatividad que tiene como eje central el cuestionamiento por medio de la observación, la reflexión y el pensamiento. Pensar resulta poco práctico en un mundo donde la supremacía de la tecnificación define nuestra identidad y la superficialidad es nuestra forma más común de convivencia. La negatividad que genera el pensar resulta angustiante y melancólico, porque el que vive desde la negatividad en “un mundo feliz” está condenado a la responsabilidad de lo que ve, está condenado a actuar. Muy por el contrario el que vive en la positividad del mundo actual, no elige aunque elija y no actúa aunque parezca que el trabajo lo hace actuar. Actuar para el ser positivo es solo cumplir una tarea, en cambio, para el que tiene consigo la negatividad, vivir resulta siempre una posibilidad que debe ser creada más no comprada, prefabricada.

Sin embargo, nuestra sociedad, una masa cuántica de depresivos, tienen ojos grandes, la boca al revés y los oídos han desaparecido. El hombre de la hipermodernidad, desea vivir una vida desde la metáfora del sobreviviente, del que se adapta a su nueva esclavitud que prohíbe los compromisos y elogia el confort.

Lamentablemente el mundo actual está tan lleno de cosas por hacer que nos ha convertido en seres multitarea, en hombres y mujeres de rutina que no pueden detenerse, que no desean detenerse por el temor profundo que genera la melancolía de la negatividad, de la reflexión, de las preguntas que no admiten códigos binarios de ceros y unos.

Y qué lejos estamos entonces de saber que el verdadero pensar es observar lo sencillo. Cada vez nos resulta más y más distante el sentido de la vida y la autenticidad, la conciencia que destruya el pensamiento alienante en esta inmensa sociedad de solitarios monos con smartphones que no pueden ya ni entender lo que dicen y solo se dopan con lo excelso, con la violencia de las apariencias y la velocidad que nos genera placer y un profundo rechazo a nuestra apabullante libertad.

domingo, 23 de agosto de 2015

Vivir lo que se aprende - Paolo Astorga

Vivir lo que se aprende


Escrito por: Paolo Astorga


“Hoy, lamentablemente, la educación es un tipo de adoctrinamiento donde se capacita a una masa únicamente para la vida en el trabajo, mas no para la autonomía como ser, para que este pueda hacer de su vida una vida significativa, es decir, una en la que el protagonista es uno mismo, consciente de lo que hace, de lo que crea.”


Siempre les he planteado a mis alumnos que lo primero que deben esperar es la imaginación, la creatividad ante todo, pues, así podrán vivir de manera auténtica lo que aprenden. Sin embargo, eso cuesta mucho. Hoy en día miles de teorías, estrategias y una serie interminable de “nuevas pedagogías” para motivar a los muchachos para que aprendan mejor y se desarrollen en una sociedad ultra competitiva se presentan como posibilidades. El mundo de la técnica es el mundo al que deberán enfrentarse. Pero aun así, el problema persiste y los alumnos siguen en su sopor, en su inacción, en sus ganas de no hacer nada porque así lo dicta la “moda”.

Y es que las grandes teorías pedagógicas se han olvidado que la gran solución no existe, sino que por el contrario, la lucha por forjar mejores personas, empieza por uno mismo. Y aquí no hay pierde. El alumno adolescente que ha adquirido la conciencia de que debe mejorar, que tiene en claro sus metas, es menos propenso a sentir el peso de la realidad al salir de la secundaria. Y esto solo se logra cuando al alumno se le da el espacio para que experimente situaciones de su propia realidad para que la intente transformar. ¿Vivencialidad? Por supuesto. Sin embargo, más allá de la vivencia, está la reflexión, el diálogo y la construcción del pensamiento y de la expresión del mismo. En una escuela donde únicamente se habla en cursos y exámenes, solo quedará la huella del primer amor, el recuerdo del primer beso y el dolor de espalda o de trasero después del castigo por andar con el pelo largo o haberse “tirado la pera”. Y es que se ha generado la idea de que la escuela contiene la solución a los grandes dilemas de la nación, pero hoy la escuela es el problema más saltante de esta nación. Los estudiantes esperan siempre la motivación de buenos maestros, esperan que no solo los vean como veintes, dieciochos o ceros cincos. Los alumnos de hoy viven en un mundo controlado por el consumo y la tecnología, es cierto, pero también lo es que son seres que han despertado ante la bosta de la realidad que los reprime y reprime su forma de pensar o actuar. La rebeldía es para el adolescente la miel y el motor, no obstante en esa negatividad, en esa molestia e ímpetu degenerado, está la genialidad que un buen maestro sabe reconocer y sobre todo desarrollar.

Un adolescente, por ejemplo, solo entenderá el valor de lo que aprende si es que este aprendizaje es vivo. Cuando digo vivo, no solo me refiero a la utilidad práctica del aprendizaje, sino a su significatividad para el alumno. El problema del aprendizaje está en reconocer ello: La significatividad. Se puede enseñar cualquier cosa, se pueden generar grandes contenidos posibles y estrategias varias, pero el problema del enseñar radica en el hecho de la voluntad por aprender y, sobre todo, por hacer vivo ese aprendizaje. Para un estudiante cobra significatividad un aprendizaje cuando este le resulta agradable, cuando este aprendizaje es emocionalmente positivo para él.

Lo vivencial es siempre el intento por hacer que lo que se aprende no termine en la realización de una tarea. Hoy, lamentablemente, la educación es un tipo de adoctrinamiento donde se capacita a una masa únicamente para la vida en el trabajo, mas no para la autonomía como ser, para que este pueda hacer de su vida una vida significativa, es decir, una en la que el protagonista es uno mismo, consciente de lo que hace, de lo que crea.

Entonces hay una posibilidad que siempre está abierta: La de proponer y trabajar por una educación que se edifique bajo los cimientos de una vivencialidad y significatividad. No solo ver a los estudiantes como simples recipientes vacíos a los que hay que ofrecerles “herramientas” para que puedan desenvolverse en la vida diaria, sino, rescatar el lado más trascendente de ser: Sus más profundos sueños, esos que trasciende el saber y se conecta con la persona antes que con el mero aprendiz. No se puede, por lo tanto, enseñar, si no somos lo suficientemente observadores de las potencialidades de nuestros estudiantes para ofrecerles la posibilidad de que pongan en práctica sus cualidades y logren la significatividad de vivir. Un estudiante que canta, un estudiante que escribe, que lee, que interpreta, conversa, ríe, llora, corre, cuenta chistes, cuestiona, infiere, no es solo un desarrollador de sus propias capacidades, sino un aventurero en la búsqueda de sí mismo y de los demás. Esperar que este sea como un único modelo, es simplemente reducirlo a un ser intrascendente, pero útil para apretar botones.


domingo, 16 de agosto de 2015

Una pequeña confesión sobre leer, crear y los bloques de Lego - Paolo Astorga

Una pequeña confesión sobre leer, crear y los bloques de Lego


Escrito por: Paolo Astorga


“La evaluación se ha limitado a volver estadística a un alumno, pero no a observar y aprender de su humanidad. Leer no consiste en saber responder preguntas, sino en aprender a formularlas, en lograr que el libro sea el pretexto para la reflexión, para la creación liberadora.”



Tengo muchos alumnos que están acostumbrados a los exámenes, sí, a esos exámenes normalizados por una tradicional batería de preguntas –casi siempre– cerradas y de opción múltiple, donde marcar es una actividad que va desde el “recordar una respuesta” hasta el “de tin marín, de do pingüe…”. No lo puedo negar: Estos exámenes, que para muchos son una necesidad para “evaluar” a un alumno, en el caso de lo que quiero evaluar resulta muy pero muy limitado. Me explico. Hace unos meses he empezado un pequeño proyecto que no tiene mucha rimbombancia: Que mis alumnos al leer un libro usen un cuadernillo y que en ese cuadernillo hagan todo lo que deseen a partir de lo que van leyendo. ¿Qué es lo que se puede hacer? De todo, dibujos, resúmenes, opiniones, poemas, cuentos, cuadros comparativos, diarios, mapas del recorrido del personaje, entrevistas ficticias al protagonista, canciones, adivinanzas, artículos de opinión, cambios de la historia y un gran etc. El cuadernillo es siempre una posibilidad para la creación, más allá del mero marcado, de la mera identificación “comprensiva” del texto.

Y es que una verdadera evaluación sobre todo en cursos de Comunicación, debe hacer primar el elemento creativo e imaginativo del alumno. En el caso de un libro, pongamos como ejemplo, El Túnel de Ernesto Sábato, hay una gran posibilidad para la creatividad. Se pueden hacer infinidad de actividades creativas: Un fichaje psicológico, un cuadro comparativo, un diccionario comentado con las frases más interesantes que Juan Pablo Castel usa, una entrevista “detrás del crimen”, etc. La novela no es solo ficción, no es solo un tema que debe encontrarse, sino es una posibilidad que debe construirse.

Entonces se me antoja usar la metáfora del Lego. Pero ¿Qué es eso? Simple: Todos en nuestra infancia hemos jugado con esos bloques de múltiples colores a construir una infinidad de estructuras (recuerdo las naves y robots que construía) y sobre todo la posibilidad que teníamos para dejar volar nuestra imaginación y creatividad. Pues bien, aquí está la metáfora: Un libro es un balde de ladrillos de Lego. ¿De cuántas piezas? Pues, de la cantidad que queremos. Un libro es siempre la posibilidad y leer es el proceso de la creatividad, de la construcción. No me gusta aplicar exámenes con preguntas “de comprensión” a los alumnos que eligen un libro para “leer”. Mi estrategia es usar un cuadernillo. ¿Qué es un cuadernillo? Simple. Digamos que el libro es un balde de bloques de Lego, pues bien el cuadernillo es el lugar donde vamos a construir nuestras estructuras creativas. ¿Cómo? Con mucha imaginación. Mientras más elaborada es la forma en cómo se aborda el libro, mucho más compleja resulta la capacidad y profundidad del pensamiento. Imaginar y crear es un reto, pues no es un acto mecánico, sino que supone una significatividad, dotar de sentido a lo que se crea y tener una finalidad.

Lamentablemente, se cree en la escuela que lo que se aprende debe de tener una evaluación lo más objetiva posible, por ello, la evaluación resulta siempre ser un diferenciador, más que una posibilidad del observar y el aprender. Escucho y soy partícipe de esa estresante actividad donde debemos llegar al “logro”, sin atender problemas más importantes como la formación de la autonomía, la libertad y la creatividad de los estudiantes. El logro, siempre lo he visto en un documento, pero muy pocas veces en la personalidad de los alumnos. La evaluación se ha limitado a volver estadística a un alumno, pero no a observar y aprender de su humanidad. Leer no consiste en saber responder preguntas, sino en aprender a formularlas, en lograr que el libro sea el pretexto para la reflexión, para la creación liberadora. No se busca que el alumno piense en homogéneo, sino que construya sus propias ideas. He allí donde la metáfora del Lego funciona: Las ideas son piezas de Lego que el alumno construye no porque siente que es la única forma de pensar, sino porque lo que construye es una expresión de lo que piensa, siente, es.

Por último, me gustaría confesar una de mis más grandes satisfacciones: Es hermoso leer lo que producen mis alumnos, en su libertad, en su necesidad. Me encanta ser su lector y disfrutar de sus creaciones. Más allá de la mera evaluación, soy un convencido de que cuando un alumno escribe sorteando a todos los monstruos que no le permiten ser él, es donde allí se vislumbra el verdadero logro: El uso del lenguaje no solo para ser etiquetado con una nota, sino, el uso de la belleza del lenguaje para ser y expresar lo que uno es. Lo demás es burocracia.

Tres libros de Paolo Astorga en descarga gratuita

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Descarga gratis tres poemarios de Paolo Astorga (Ediciones virtuales en pdf):

Anatomía de un vacío (2006):

Sin llegar a lo invisible (2008):

De Lima a Chosica (2010):


Espero que disfruten.

Paolo Astorga

domingo, 9 de agosto de 2015

La poesía y su vivencialidad - Paolo Astorga

La poesía y su vivencialidad
Una breve experiencia

Escrito por: Paolo Astorga


“Nuestro lenguaje cada día se convierte en esa neolengua de la que se habla en 1984 de George Orwell, un lenguaje que no diga más de lo que se debe decir, una simplificación extrema del mismo para que mantenga el orden y el poder que se esfuerza por mantener su ejercicio.”


Hace unos días con mis alumnos leíamos algunos poemas del libro 5 metros de poemas de Carlos Oquendo de Amat. Con gran sorpresa para los alumnos que están poco acostumbrados a lo extraño, veía caras de sorpresa desde el momento en que les mostré el libro que tiene una extensión considerable y se despliega “como se pela una fruta”. Los alumnos no solo quedaron desconcertados con el libro, sino también con los poemas. No tardaron las reacciones como: “Profesor, no entiendo nada”. “Profesor qué loco ese poeta”. “Profe, lo que escribe son incoherencias”. Y cosas así. El reto que planteé a mis estudiantes fue establecer una relación del poema leído con una palabra y luego explicar la relación entre la palabra y el contenido del poema. Muchos alumnos no tardaron en establecer dichas relaciones y, como era de suponerse,  casi todos establecieron relaciones distintas respecto a su experiencia con los poemas. Sin embargo, muchos se acercaron a mí para preguntar si estaba “bien” sus relaciones entre la palabra elegida y el poema.

Esta experiencia me permite reflexionar brevemente sobre la necesidad de definir al aprendizaje como una “vivencialidad”, es decir, como una experiencia donde doto de significado al mundo y a mi mundo. Los poemas de Carlos Oquendo de Amat generaron la posibilidad de establecer relaciones subjetivas. La poesía generó no solo la emotividad, sino la tendencia de volver a las palabras y enriquecerlas.

El mundo es nuestro lenguaje. Todo lo que nombramos, lo que pensamos, lo que sentimos, nuestra vida misma, requiere del lenguaje para ser, para adquirir un sentido y un significado. Necesitamos el lenguaje para ordenar el “caos” del universo, sin embargo ¿quién nos da el lenguaje? ¿Por qué el lenguaje debe dar un sentido a todo? ¿Qué es lo que contiene y transporta el lenguaje?

El simple ejercicio de establecer relaciones significativas en los poemas leídos en clase tenían para mí una gran necesidad: destruir el sentido común de las palabras y poder ingresar a la posibilidad, a la riqueza de la expresividad. Para nadie es mentira que el mundo de hoy ha reducido al lenguaje a un orden significativo, es decir, ha dictado que las cosas son lo que son y no pueden ser otras cosas. La escritura literaria permite destruir ese orden del hábito y establecer la confrontación de nuestras creencias contra nuestros sentimientos. Hoy, aunque se nos dice hasta al hartazgo que vivimos en un mundo de la emocionalidad, lo concreto es que lo esencial de la sensibilidad ha escapado a nuestros ojos que están ansiosos solo por el espectáculo del mirar, pero no por el asombro, por la significatividad de la mirada atenta. Nuestro lenguaje cada día se convierte en esa neolengua de la que se habla en 1984 de George Orwell, un lenguaje que no diga más de lo que se debe decir, una simplificación extrema del mismo para que mantenga el orden y el poder que se esfuerza por mantener su ejercicio. Por ello, la vivencialidad de la literatura, de la poesía concretamente, es siempre una deconstrucción del mundo en el lenguaje que se hace metáfora.

La metáfora es el único nexo que nos queda para la creación. El que metaforiza establece relaciones con la realidad y sobre todo expande el pensamiento, lo dota de humanidad. El hombre es un ser de símbolos y significados. Lo que él hace o crea es significativo y tiene una parte de este. No obstante la modernidad que alimenta la indiferencia y el disfrute pasivo antes que el cuestionamiento plantea que el lenguaje sea transparente. Que “A” sea “A” es el dogma. O mejor que no sea nada. Que lo que se entienda sea simplemente un ruido.

Entonces, la poesía es aprender a no solo entender, sino a doblegarse en la posibilidad de los sentidos. Cuando leí en el colegio mis primeros poemas, fueron los de Poeta en Nueva York de Federico García Lorca. Me sentí apabullado por el libro, pero me sentía atrapado por sus estupendas imágenes, por la necesidad de expresión. Entendí que la poesía te debe hincar o apuñalar. Que debe apuntar a destruir los muros de la comunicación transparente. Viendo a mis alumnos “sufrir” por tratar de entender a Carlos Oquendo de Amat, no es un verdadero sufrir. Sé que muchos entendían sus poemas. El simple hecho ya de entrar en la crisis de “no entender” es un camino seguro al entendimiento. Sin embargo, el fruto más apasionante de la experiencia fue que no solo pedí que establezcan la relación palabra-significado, sino que construyan ellos mismos, bajo la influencia de las musas del lenguaje, poemas que tengan un parecido estilístico con el de 5 metros de poemas. Aunque suene totalmente extraño, leer poesía de un alumno al que muchos consideran el palomilla, el bruto, el que no tiene imaginación, y luego reconocer su lenguaje, su cuidado en las palabras y su anhelo por querer decir lo indecible, es allí donde uno comprende que el lenguaje es un tremendo don para constituirnos como seres humanos.

martes, 4 de agosto de 2015

"Los tripulantes del Líricus" de José Siles Gonzáles - Paolo Astorga

Los tripulantes del Líricus

Los tripulantes del Líricus
José Siles Gonzáles
(Ediciones Devenir, 2014)


“El poeta es el cantor de las aventuras y desventuras en el mar. A bordo de un barco llamado Líricus esta travesía poética nos enfrentará contra nuestros propios sueños, contra la adversidad de lo posible.


Escrito por: Paolo Astorga


Los tripulantes del Líricus (Ediciones Devenir, 2014) del poeta español José Siles Gonzáles (Cartagena, 1957) es un viaje poético por la vida misma. El poeta es el cantor de las aventuras y desventuras en el mar. A bordo de un barco llamado Líricus esta travesía poética nos enfrentará contra nuestros propios sueños, contra la adversidad de lo posible. El Líricus es el símbolo de la posibilidad en tanto se muestra no solo como un navío, sino como una herramienta para construir una historia. El poeta lo sabe y por eso canta  la belleza de saber que la aventura es constante. Esto es patente en el poema “A bordo del Líricus”:

A BORDO DEL LÍRICUS

A bordo del Líricus
has hecho visibles tus sentimientos
a tu tripulación...,
en todos los idiomas.
A bordo del Líricus
has arribado a tantos puertos
como culturas dicen los filisteos
que, a pesar del deslizamiento ingrávido de los tiempos,
siguen poblando la tierra.
A bordo del Líricus
has escrito poemas atiborrados
de pescuezo y alcohol de   puta portuaria,
ese gremio de diosas encalladas
en los adoquines más afligidos
del muelle,
y de las que bebiste
el licor de salitre añejo.
A bordo del Líricus
has desnudado tal cúmulo de recuerdos,
has arribado a tantos puertos,
has escrito poemas tan atiborrados
de sentimientos, puertos y arias;
que ningún hermeneuta de la academia
osa urdir etiquetas
en las que encasillar la ira
que te inspira.
la clasificación de tu existencia navegante,
La ordenación de tus cuitas,
dada la múltiple pleura de sus aires
extracontinentales,
transmarinos,
interoceánicos y...,
sobre todo múltiples;
les causa un pavor antiguo para el que
no hay antídoto.
Mientras, siempre mientras,
tus dudas,
a bordo del Líricus,
se ahogan en mil mares
orinados por un ejército indisciplinado
de héroes incontinentes.

Y es que el hombre desde tiempos inmemoriales ha deseado la aventura como un medio para alcanzar la inmortalidad. Darle un sentido a la vida a través de la acción, de la experiencia, eso es lo que nos hace humanos. Los tripulantes del Líricus  lo saben por ello cantan, testimonian, plasman sus alegrías y penas en estos poemas. El heroísmo en este caso, no es el vencer, el conquistar, sino la perseverancia de continuar de aún conservar el fuego de la valentía por explorar lo ignoto. Veamos:

ESPÍRITU DE DRAKE APARECIÉNDOSE AL GIRAR CABO DE HORNOS

Ayer, cuando bebías
tu último whisky a bordo,
te vinieron tantas cosas a la cabeza,
sin ir más lejos:
El día que el destino te  enclavó
en el Líricus con tu
petate al hombro,
sin ir más lejos.
Ayer, cuando bebías
tu último whisky a bordo,
un archipiélago de rememoraciones
te hizo revivir los cientos de navegaciones
que aún no has enterrado
..., del todo:
travesías marinas que
te provocan una distinguida melancolía
que se alimenta de tu casi exclusiva
...soledad.
Pero ningún fantasma del pasado te estremece
tanto como:
tus  aterradores viajes a Cabo de Hornos,
ida y vuelta,
surcando la travesía del maligno  Drake.
En esas rutas, en las que el diablo
aparece travestido de pirata
y cohabitan dos océanos,
no resultaba imprescindible beber
para tocar el infierno con la punta
del alma ...esa perdida,
y vislumbrar la figura del viejo
Drake maldiciendo..., y
volviendo a maldecir,
mientras la proa del Líricus parecía
hundirse para la eternidad...
por unos instantes que rozaban la infinitud,
tras la cual,
siempre volvía a emerger.
Y el Líricus seguía avanzando,
dando cabezadas en aquel mar endemoniado
por los espíritus malditos de
aquella maligna y fiel tripulación,
racimo de santos dipsómanos,
que siguió al disipado Drake hasta el final
en Cabo de Hornos.
Ayer, cuando bebías
tu último whisky a bordo,
temblabas al recordar los temporales
vencidos por el Líricus,
ese navio invicto hasta
en la mismísima Tierra del Fuego.

Es cierto: el gran combate es contra el olvido. Este libro nos deja marca, ese signo visible: Luchar contra la nada, contra la insignificancia, es una actividad diaria, esencial. La memoria debe preservarse y difundirse, la vida misma es solo vida cuando la experiencia vital se ha construido, se ha preservado. Sin embargo, la melancolía, la soledad y un aire de derrota es aquello que destruye los sueños, el deseo por eternizarse, por hacer de la aventura una constante infinita. La vida misma es entonces ese patrón que puebla todo este libro. La energía: un sueño, un deseo por querer ser, por darle un sentido a nuestra existencia:

TIERRA A LA VISTA: EL FINAL DEL PERIPLO

Llegado al límite
de la existencia,
encuéntrase el fin de uno mismo
sin un sentido dibujado al milímetro,
sin dejar de lado la duda,
sin saber...tal vez, si ha merecido la pena.
Llegado el ser al destino
de un viaje sin retorno,
se divisa un brillo huérfano
sin madre ni luz,
sin columna vertebradora,
sin resplandores memorables
.. .que merezcan la pena.
Llegado el río a la mar,
tumba líquida de todos los ríos
donde se mojan las pantorrillas los muertos,
donde se baila al son de caracolas removidas por el oleaje,
donde se diluye la ira de los dioses
y la porquería de los mortales.
Llegado el ocaso al último latido,
donde el Sol daba fe de la existencia del día
...y la luz,
donde el cénit acaba, por invadirlo todo
y sumir su conquista en la penumbra,
donde se reza en cada esquina al santo
y se le enciende  la vela más negra;
se cae del nido el único huevo puesto colectivamente
la última noche
por todos los buhos,
no abstemios,
del cementerio marino.


En suma, Los tripulantes del Líricus, es un poemario intenso y de poemas de largo aliento donde la musicalidad y las imágenes nos hacen reflexionar sobre nuestra propia esencia humana. Muy influenciado por Kavafis, el poeta nos muestra a su original modo un motivo para reconocernos en esa travesía incierta pero que se parece mucho a nosotros. La vida, entonces, es mar, un mar inmenso que tiene la forma de nuestros sueños.

"Violetas de sangre bajo la tierra" de Óscar Malvicio - Paolo Astorga

Violetas de sangre bajo la tierra

Violetas de sangre bajo la tierra
Óscar Malvicio
(Editorial Poesía eres tú, 2011)


“El poeta sabe que su canto es denuncia, pero también es testigo de la inercia de la época, de la indiferencia a la que se enfrenta contra la angustia por querer construir un asidero, una convicción para la vida moderna que nos colma de sueños con precio y fecha de caducidad.


Escrito por: Paolo Astorga


Violetas de sangre bajo la tierra (Editorial Poesía eres tú, 2011) del poeta español Óscar Malvicio (Gerona, 1975) es un libro desenfadado y desencantado donde el lirismo se centra en lo cotidiano como espacio reflexivo y a la vez como símbolo de las tensiones humanas. El poeta reconoce su finitud, su insignificancia en la medida en que reconoce una realidad absurda y obtusa que aliena y desmorona. El mundo es superficial, insustancial, allí donde la insatisfacción aflora, la inacción evita todo sueño de emancipación. El poeta sabe que su canto es denuncia, pero también es testigo de la inercia de la época, de la indiferencia a la que se enfrenta contra la angustia por querer construir un asidero, una convicción para la vida moderna que nos colma de sueños con precio y fecha de caducidad. Es este el discurso de Óscar, el mostrarnos desde sus versos la disolución de los anhelos y propósitos por el fetiche del confort:

Sueño

Sueño con una manada de lobos
que devoran pedazos
de mi cuerpo envenenado
y luego mueren retorciéndose
como tripas entre aullidos mudos.

Sueño con gusanos
que vomitan pedazos de mi cuerpo
impregnados de tinta indeleble,
o imborrable, como se diga,

gusanos azules empachados
que aun así
se retuercen en su dolor
intentando encontrarme,
intentando encontrar a mi pobre alma
en la oscuridad fracasada
de este universo portátil.

Sueño con ídolos de barro muertos
que piden a gritos mi letal estallido,

aún es pronto, les digo,

mientras,

sueño con helados de fresa
con tacones de aguja negros
y sueño con Venecias
y Cristianías renacentistas.

Sueño con el último eclipse
y con mi triunfo arrasador
sobre la perversa comedia de los hombres.

Sueño con una noche azulada
en la que mi dolor se evapora
mientras sueño,
y sale de mí
como una niebla ascendente
hacia el cielo

y se disipa poco a poco,
y
al final
desaparece

y duermo por fin
a pierna
suelta.

La necesidad de expresar, de decir, son constantes en este libro. Con ironía y un cierto humor el poeta desnuda la hipocresía de los mitos y acusa esa modernidad que ha llegado al límite de lo irracional, de lo automático, de la necesidad de convivir con el hábito que ha cambiado el deseo de ser libre, de permitir la duda emancipadora, por el deber de ser uno más de la masa:

Principio y fin

Igual que el rayo de luz incide
en el vientre de la certeza
cual sable vengador
y arremete en lo más inhóspito
de sus entrañas,
revolviéndolas,
tratando de extirpar algo de corazón,

busco yo el inicio menguante de esa luz,
el principio desnudo vital,
la chispa que parió al rayo,

el porqué del error,
o del acierto,

el porqué del origen del principio
y el origen del porqué
del final.

Devoro mi propia existencia
con un cuchillo romo de carne
y un tenedor borracho
y la digestión eterna y enfermiza
que me ofrece la muerte
con su nudo en mi garganta.

He creado 4 estómagos
y ni siquiera ellos alcanzan a digerir
todas las incógnitas
que mi cerebro crea.

Y encima,
tengo que ir a trabajar,
tengo que ir al banco,
regar las plantas,
cocinar, beber, follar
y dar señales de vida
a todos los que me rodean,

no sé cómo coño he tenido tiempo
de escribir este poema.

Como vemos este libro nos muestra con un estilo confesional situaciones que aunque parezcan intrascendentes son reflexiones válidas sobre un mundo que se desmorona en sus instantes, en el éxtasis de lo presente. El poemario entero es un certero disparo contra el hombre que ha encontrado la felicidad en la inmovilidad, en la seguridad de sentirse pleno coleccionando objetos, coleccionando emblemas aparentes que, al fin y al cabo, solo han acrecentado su secreta náusea, su melancolía y el aplastamiento:

Dirección

Arrancaré hoy lo que pueda
de las tripas polvorientas de la noche,

de esta noche de negro vinilo,

hasta que ya no pueda más,

hasta que la conciencia
me diga de nuevo
qué debo hacer,

o qué es lo que no debo,
o ¡qué he hecho!
¿o no?.

Creo que sí...

¿conciencia o consciencia?...

no lo sé
ya.

En definitiva, Violetas de sangre bajo la tierra, es un poemario sarcástico donde cada verso desnuda las imposturas ególatras que hay detrás de la hipocresía. Su sencillez y versatilidad radican en el manejo de las imágenes cotidianas y el discurso denunciante contra todo ánimo de pensamiento determinista y unívoco. Este es un canto a lo subjetivo, al deseo de saber que existe el individuo más allá de los ceros y unos, de la rutina de los días, del dolor de la misma existencia.

"La rosa negra" de Harol Gastelú Palomino - Paolo Astorga

La rosa negra

La rosa negra
Harol Gastelú Palomino
(Editorial Ámbar, 2015)


“Los relatos de Harol intentan escapar del tedio sumergiéndose en la misteriosa magia de lo cotidiano. Asistimos, pues, a una contemplación de lo fantástico como una forma de escape, pero también como una develación de nuestros propios anhelos.


Escrito por: Paolo Astorga


La rosa negra (Editorial Ámbar, 2015) del escritor peruano Harol Gastelú Palomino (Huancavelica, 1968) nos ofrece siete cuentos cuya temática común son los desdoblamientos. Las narraciones manejadas con un lenguaje directo y ameno, nos demuestran la solvencia narrativa de Harol cuando se trata de enhebrar ficciones. “La rosa negra”, cuento que le da nombre al conjunto de historias, es un ejemplo de ello. El cuento gira en torno a la costumbre de “visitar a los muertos” al cementerio. El protagonista se encuentra con una muchacha que le está llevando flores a su tío abuelo muerto. La narración cobrará un giro inesperado cuando asistamos al primer desdoblamiento. El protagonista, será el difunto al que tanto se busca.

En “El otro” -quizás el cuento mejor logrado del conjunto-, el juego de los desdoblamientos se ve de manera más patente. Aquí la teoría de los “gemelos” se presenta como “el otro yo”. El protagonista vive una vida de perros, desentendida de la ternura del pasado. Por ello, encuentra a su otro yo y lo usurpa, ya que éste vive una vida diametralmente distinta a la de él. La trama se desarrolla como una transformación, como una simbiosis, una desesperada fórmula para ser ¿feliz?: “Hoy vivo feliz. Mi mujer está esperando nuestro primer hijo, o el tercero, porque ahora yo soy él”.

Y es que estos relatos buscan eso: ser la proyección de nuestras fantasías, la realidad reproduciendo su necesaria revelación. Los relatos de Harol intentan escapar del tedio sumergiéndose en la misteriosa magia de lo cotidiano. Asistimos, pues, a una contemplación de lo fantástico como una forma de escape, pero también como una develación de nuestros propios anhelos. Abrimos el pecho a la realidad para encontrarnos con nosotros mismos. Es esta la tendencia en “Sirenas”, historia donde los protagonistas construyen el mito con sus propias ensoñaciones y que luego la realidad se les abre para disfrutar de sus fantásticas visiones. Las sirenas son la proyección de nuestros deseos y por ello, nuestra tendencia a la fusión.

Pero quizás la parte más moral del conjunto sea “Examen final” donde la narración va in crescendo. El escenario: la clase de música, un examen final. Fabiola, que no ha practicado la lectura del pentagrama para tocar su flauta, empieza un viaje psicológico (filosófico) en constante tensión. La metáfora de la lucha entre David y Goliat, entre el héroe (Fabiola) y el Dragón (Harol) son interminables. No obstante, es magistral la narración que nos deja ver nuevamente la teoría de los desdoblamientos. Fabiola cree que su profesor es terriblemente malvado (lo es) e intenta rememorar al alter ego del mismo (Lobito, un profesor permisivo e indiferente). Un juego psicológico y moral se desata a lo largo de la narración hasta la culminación del martirio. Fabiola debe tocar, oh ironías, El himno de la alegría. Sin embargo, ella reconoce que no ha estudiado. Para su suerte el profesor la trata diferente, la ayuda a calmarse, le enseña a tocar y ella se da cuenta de que “por gusto se había preocupado”.

En suma, los cuentos de La rosa negra nos ofrecen la visión de un mundo misterioso y contradictorio. El juego con la realidad hasta poder doblegarla es el logro supremo de este conjunto de relatos. Todos los personajes sufren sus deseos y eso los desdobla, los hace otro yo. Sin duda, un libro ágil y de fácil lectura que termina por dejarnos un hálito reflexivo: La vida es siempre multiplicidad.