lunes, 27 de julio de 2015

Brevísimo mensaje a la nación - Paolo Astorga

Brevísimo mensaje a la nación


Escrito por: Paolo Astorga


“Los valores se enseñan con el ejemplo en el hogar pero, lastimosamente, es el hogar muchas veces la fábrica de violencia que genera la destrucción de lo comunitario.”


Alberto Flores Galindo en el libro La tradición autoritaria. Violencia y democracia en el Perú (Sur Casa de Estudios del Socialismo, 1999) dice: “Democratizar el Perú significaría construir otro tipo de relaciones sociales y otra forma de organizar el poder. La democracia exige la revolución social. Esto es así no sólo porque existe pobreza y miseria, sino sobre todo porque cada vez se admite menos la desigualdad.” (p. 71)

Galindo es concreto: Nuestra sociedad que quiere vivir en democracia debe desparecer las brechas de desigualdad y no solo la pobreza económica, sino se infiere que también debe desaparecer la pobreza moral. Y es que es importante reflexionar sobre el siguiente punto: ¿Somos los peruanos lo suficientemente capaces para cambiar nuestra paupérrima realidad? ¿Tenemos identidad como nación? ¿Qué es ser peruano? ¿Qué es hacer patria? Estas preguntas siempre son incómodas porque no se las puede responder sin tocar la herida y hacer saltar la pus.

En estas fechas donde se rememora nuestra independencia, observo con mucha desazón que la idea colonizadora aún es muy profunda. Nuestros problemas más profundos como sociedad, no están solo en lo económico, sino en lo moral, es decir, en nuestras actitudes como ciudadanos. La democracia existe, pero no existe la conciencia democrática o si es que existe, es muy vulnerable. Veo, por ejemplo, con mucha tristeza que lo primero que se enseña en las escuelas cuando hablamos de nación, de patria o de democracia, es el amor (obligatorio) a una serie de símbolos que a veces no dicen nada o son profundamente contradictorios. Aunque estamos ya en pleno siglo XXI, aún la realidad de nuestro país diverso no es tomada en serio por los gobernantes, ni por los propios ciudadanos. Un muchacho de escuela, me preguntó si era necesario cantar el Himno Nacional en formación. Yo le dije que no, que no se puede amar lo que no se conoce. Y es verdad, cómo podemos hablar de nación, si muchas veces somos unos desconocidos los unos de los otros y nuestro conocimiento recíproco es, casi siempre, sustituido por los estereotipos insertados por los medios de comunicación y no por un conocimiento respetuoso y con ánimos de construcciones identitarias los unos de los otros.

El gran problema de nuestra “independencia” es que aún nuestro pensamiento es colonial. Nuestras malas actitudes solo demuestran que la gran mayoría aún no entiende que vivimos en un estado de derecho y que al ser ciudadanos debemos vivir éticamente. Sin embargo, esta utopía que creemos como democracia exige que construyamos nuevas relaciones, que corrijamos nuestras incoherencias y desaparezcamos nuestras desigualdades. No obstante, el gran principio del cambio empieza siempre por uno mismo. A mi alumno, al que me preguntó si debía cantar el Himno en formación, le decía que antes de cantarlo debía hacer patria. ¿Cómo? Hacer que su vida sea provechosa. No dejarse llevar por la seducción de lo fácil, por la mezquindad de las modas o el placer de la indiferencia. Ser peruano debe ser un acto heroico contra la marginación, hacerse a uno mismo y dejarse de vacilaciones. Sin embargo, cómo podemos sentir orgullo de lo nuestro, si no lo conocemos o si no producimos algo que sea digno de orgullo. Lamentablemente, la masa, siempre controlada sentimentalmente por los medios, se ha acostumbrado a la violencia y esta costumbre ha devenido en una desconfianza, en una mediocridad que envenena las mentes y los anhelos de progreso, de desarrollo.

Por eso la ley es un “saludo a la bandera”, un símbolo, mas no una realidad. Si yo soy un desigual, un negado, la ley no me es importante y por ende mi informalidad es una forma de supervivencia. Los valores se enseñan con el ejemplo en el hogar pero, lastimosamente, es el hogar muchas veces la fábrica de violencia que genera la destrucción de lo comunitario.

El problema no solo es estrechar las brechas económicas, sino también mejorar la calidad de ciudadanos. La educación es la llave, pero la educación no está solamente en las cuatro paredes de un aula, sino en la misma sociedad que debe entender que es ella la que debe construir su propio futuro. ¿Somos libres? Pues sí,  siempre y cuando aprendamos a ser autónomos, a vivir nuestras propias vidas y a aceptar las consecuencias de nuestros actos. No se puede pensar otro futuro, que la utopía de la mejora. La esperanza es trabajo y no solo me refiero al trabajo de réditos económicos, sino el trabajo de transformación moral por medio del ejemplo. Creo, sin temor a equivocarme, que esa es la verdadera independencia y la verdadera igualdad: Entender que ser peruano es amar lo diverso y respetar al otro como nos gustaría ser respetados.

domingo, 26 de julio de 2015

"La coneja surrealista" de Daniel Maguiña - Paolo Astorga

La coneja surrealista

La coneja surrealista
Daniel Maguiña
(Ediciones Altazor, 2015)


“La idea de magia es una idea animista, allí donde el movimiento es ternura y violencia, es color y magisterio de la imagen, Maguiña esboza su mensaje: La sensualidad que se imprime en el cuerpo que toma múltiples matices, que es, a fin de cuentas, un lienzo para decir la vida misma, el universo entero.


Escrito por: Paolo Astorga


La coneja surrealista (Ediciones Altazor, 2015) del poeta peruano Daniel Maguiña (Lima, 1984) configuran una poética fantástica donde las imágenes se enuncian desde tres elementos centrales: La fantasía, vista como un contemplar rescritural; la construcción de símbolos que conceptualicen el discurso (La coneja surrealista, el gato ludópata, etc.) y el erotismo como movimiento creador. El poeta construye un discurso donde los espacios cotidianos se transforman en un gran patio de juegos, en una infinita posibilidad para la expresividad. La idea de magia es una idea animista, allí donde el movimiento es ternura y violencia, es color y magisterio de la imagen, Maguiña esboza su mensaje: La sensualidad que se imprime en el cuerpo que toma múltiples matices, que es, a fin de cuentas, un lienzo para decir la vida misma, el universo entero:


INVENTARIO
“Porque ácido ribonucleico somos
pero ácido ribonucleico enamorado siempre”
Blanca Varela

NUNCA VI UNA CONEJA SURREALISTA, menos cubista o abstracta, tampoco a lo Mondrian y menos a lo Kandinsky. Más bien creo que tus orejas tienen un aire a girasol de Van Gogh, pintadas de prisa como de­cía Gauguin. Tu cola pom pom es una travesura del dibujante, tus ojos chinos par de saltamontes, mon­dadientes van saltando a tu ritmo cogiendo las acei­tunas.
¿Y qué me dices de Piqueras? Tu ropa puede ser así, con formas geométricas. También he pensa­do dibujarte un sillón Sócrates "solo para conejos" para tener cerca a Vitito Humareda. Creo que es­tamos claros en que todo tu pecho es un Miró y tus pies y tus besos de periquito son la vanguardia del Che, eso ni dudarlo.
Te he puesto unas surreales bisagras para el movimiento Picasso, es ahí donde te sale lo cubista, en el movimiento.


El surrealismo es lo multisígnico, la posibilidad irracional de lo sugerente. La realidad, en este intenso libro, siempre son fragmentos desperdigados, disparadores del ensueño. Podemos observar que una imagen o un movimiento (el movimiento amoroso de un beso) pueden llevarnos a constituir un universo, hacer de las palabras un decir que intenta fusionar lo cotidiano con lo fantástico: La vida misma como un gran rompecabezas que se actualiza, que cobra nuevos brillos, nuevos matices:


La luna se cayó al mar y rebotó
como rebotan las mejores lunas.

Nos besamos, como dos personajes de Campanella en la puerta de tu casa, con tus ojos caramelo Monterrico de madrugada y con niebla.
He sentido cómo se reinterpreta el surrealismo en tus labios, la forma cómo se suspende un atleta cósmico de tus cabellos, la complejidad de un sim­ple movimiento.


Pero hay algo de lo que el poeta no puede escapar: El amor. Este sentimiento universal es Eros y un interminable darse. La magia nuevamente es un estado que realza la realidad, un medio para levantar de los escombros de lo habitual a la belleza de la multiplicidad. Poemas como “Coneja Zen” es fiel reflejo de ese deseo del poeta por negar lo cotidiano y asumir la postura universal de la trascendencia:

CONEJA ZEN

AHORA TE HAS HECHO CONEJA ZEN O TE VAS A VOLVER.
Serás como una flor con orejas de conejo, ca­minando con un equilibrio de malabarista, entre el fuego y la nieve.
Repasando a Matsuo Basho, te sentirás una garza sobre el lomo de un hipocampo, debajo de una gota de agua o encima de un ave montada de pronto, a vuelo, con un enorme sentido de elocuencia y dirás como quien no quiere, que la posición de los planetas y los lunares es tan necesaria como la posición Za Zen.
Y te digo que te amo con o sin el Zen, las leyes de mi amor nada tienen que ver con el control de tus impulsos. Creo más en la lógica de la pasión, en todo caso, la que nos vuelve animales sutiles, aquella lógica que me hace verte así de coneja, con tu esencia y tus trivialidades.
Zen o no Zen.

Y sin embargo, el libro nos deja su huella amorosa. El amor es una constante transformación, un encontrarse, un anhelo de fusión. El poeta juega a ser otro, a crear la fantasía del movimiento perpetuo. El secreto de estos poemas está en el ocultamiento y en el mostrar a la vez. Pero sobre todo, el poeta, intenta ser como un chamán, que anima (o reanima) un mundo depredado por lo unívoco, por el orden de lo habitual. La naturaleza es, pues, vitalidad para la realización del amor. Poemas como “Mujer Árbol” dan fe de ello:

MUJER ÁRBOL

A menudo, la mujer es un frondoso árbol de olivo, su vientre y sus manos se conectan a la tierra. Da ga­nas de pasear con una mujer frondosa, con la copa llena de aleros y teatinas. Ir de su mano por el ca­mino de cemento pulido, mirar las casas antiguas donde seguro hay canarios leyendo el periódico de domingo. Tomarla de la cintura debe ser una sen­sación comparable a la de coger aceitunas de una nube cirro. Qué ganas además de llevarla a mirar el mar, dejar posar sus pies un poco más allá de la arena. Sus pies llenos de hojas verdosas y caducas.

El erotismo en este libro es un trabajo quirúrgico. Las palabras no deben solo decirse, sino deben ser el medio para la excitación de los sentidos. Cada palabra debe ser vida o no ser nada. El poeta lo sabe y por eso al construir sus metáforas no solo dota de un sentido carnal a sus poemas, sino que intenta una bifurcación hacia la naturaleza (oh, diosa fecunda de significaciones), para convertir el acto amoroso, en un acto universal.


“Los ojos lamen el temblor de los senos”
Poemas simplistas, ALBERTO HIDALGO

TE BESÉ LOS PEZONES con una sabiduría dulce, con un botecito rodando por tus tetas, tu cuerpo estaba invadido de veleros en marea baja con vientos en aceleración. Te toco con paciencia, con detalle, con disciplina.

Te hice el amor con todo el mar dentro de ti.


Hay algo más. La tendencia de dibujar es la creación de las imágenes del todo. El poeta siempre quiere ser el todo, lo absoluto. Porque la vida es el perfeccionamiento de la mirada, la colección de las figuras y sobre todo el vencer la realidad que nos imprime su melancolía, su dictadura de grises y pixeles sin significados. El poeta es, antes que todo, un visionario, un perfeccionista de las contemplaciones:

FIJACIÓN

Es el sonido, la fuerza de gravedad contra el piso. Todo empieza por los pies, el color de sus uñas, el compás que lleva una pisada con otra. Empieza por un sonido dependiendo de la distancia, la frecuencia de los pasos sobre otros se escucha nítido cuando alguien se va despacio.
Es preciso empezar por los pies, adornarlo con velas y carabelas, estar dispuesto a caminar sobre un barquito y dejarlo todo. Hay zapatos de taco alto, de taco bajo, zapatos que me producen zapatos. No tiene que ver con quien los use, puede usarlos un grillo como una garza o un paraguas y se escucharía igual. Los zapatos son femeninos y esto es impor­tante, hablo de pies, sin un cuerpo, sin pronósticos de lluvia, sin excesos.
Y es que debe haber algo más profundo que solo una fijación de formas y mecanismos y torsio­nes de pies solitarios. Debe ser psicológico, involun­tario, como un hipo, un taco acercándose a la boca. Un zapato tiene movimientos autónomos o al menos eso es lo que pienso.
Mi fijación es más profunda. Debería recordar las últimas veces que vi zapatos, que los escuché, recordar los momentos exactos, y es que un zapato es casi como un reloj si lo sentimos mecánicamente. Debería hacer memoria, enumerar por orden crono­lógico, alfabético y hasta por orden de llegada.
Zapatos que sobrevuelan salas y comedores, que atraviesan los bares, que bailan en las profundidades. Zapatos de coral. De maquillaje, de cartera, zapatos que no hagan otra cosa que sonidos.

Y es que este libro reafirma la vida entre colores, entre imágenes, entre viñetas de un mundo indiferente. La vida es siempre la posibilidad de crear. Es una tendencia dadora, es una actualización de los inicios. Eternos Big Bang y, por supuesto, una nueva historia. El poeta entonces vuelve a volcar sus imágenes sobre esa mujer amada que es su medio de trascendencia, pero esta vez la referencia es distinta. El Eros ha cumplido con multiplicar el amor, con acrecentar el misterio y la magia. Una mujer embarazada es la santidad de lo perfecto, la fusión absoluta.

I
BOTERIANA

UNA EMBARAZADA puede ser un lindo invento de Bote­ro, la madriguera de los hombres que se proyectan a ser hipocampos, el lugar donde comienzan las ga­laxias. Sugiero a los hombres imitar a los hipocam­pos, a cada uno volver a sus respectivos úteros para no generar decepciones.
Cuando una embarazada pasa por la calle, no es solo ella la que está pasando, pasan todas las mujeres hasta las que antecedieron, las abuelas de las abuelas. Es preciso hacer reverencias ante una mujer que tiene el futuro de los hipocampos en el vientre y no solo eso, también es preciso elevarlas a categoría de santas milagrosas y hasta mártires.
Botero se lució si fue él quien le dio forma a las embarazadas y si no, habría que buscar a quien se le ocurrió la gracia.


¿Y qué decir de la ciudad? Para el poeta es lienzo. No decir lo mismo. La ciudad es un cuadro para intervenir, es un gran cuerpo enfermo al que se debe revivir. Objetos tan simples y casi imperceptibles al ojo posmoderno que viaja a mil kilómetros por hora, al cuerpo que se ha encariñado con sus prótesis, a las palabras que buscan la técnica antes que al ser, son transformados bajo el manto mágico del poeta que nos muestra una visión diferente de Lima. Porque esta ciudad “Es el mejor lugar para estrellarse de un orgasmo con la realidad.”

LIMA

EN LIMA HAY EDIFICIOS construidos con hojas secas, puentes que sobrevuelan la Costa Verde hechos con alas de insectos matutinos. Se construyen escaleras sobre las nubes, donde se ha invadido hasta el límite último. Las viviendas multifamiliares han sido arrancadas con violencia de las macetas. El órgano sexual de la ciudad pasa temporadas invernales junto al malecón, junto a los ciclistas y paseantes. Es el mejor lugar para estrellarse de un orgasmo con la realidad.

En suma, La coneja surrealista es un libro intenso y diferente. Su deseo por ser conceptual y sobre todo el buen manejo de los dibujos y los poemas perfeccionan las significaciones. Este es un libro para soñar, un libro para intentar reproducirse como escaleras infinitas que van hacia el infinito de las imágenes. El poeta ha pensado en el juego como la posibilidad para dejar una huella vital en la frialdad de lo ya dicho. Poesía fresca y tierna, intensa e ingeniosa es la que se podrá encontrar en este viaje geométrico, en este intento de paraíso, en este testamento de vida que el poeta nos invita a recorrer con las alas de Ícaro, con la sensualidad del que anhela un auténtico escape hacia su propia realidad.

"Hostias del mal" de Christian Rivera - Paolo Astorga

Hostias del mal

Hostias del mal
Christian Rivera
(Amotape Editores, 2015)


“El poeta sabe que debe beber la cicuta de la existencia, la violencia de los anhelos, sin embargo, también reconoce, en esa sordidez, el amor que se resiste a ser reducido a la miseria de los cuerpos.


Escrito por: Paolo Astorga

Hostias del mal (Amotape Editores, 2015) del poeta peruano Christian Rivera (Lima, 1989) es un libro de poemas donde el aspecto central es la búsqueda de ese paraíso perdido (aquel que se ha disfrutado en su intensa brevedad) y que luego ha degenerado en una profunda desilusión, en una cruel melancolía. El poeta sabe que debe beber la cicuta de la existencia, la violencia de los anhelos, sin embargo, también reconoce, en esa sordidez, el amor que se resiste a ser reducido a la miseria de los cuerpos.

Este libro nos ofrece una serie de poemas donde el signo central es el amor desposeído y la melancolía de la pérdida del “cielo”. El poeta recorre una geografía de la insatisfacción intentando construir un lenguaje sórdido donde el ser amado es efímero paraíso artificial. El poeta sabe muy bien que es urgente escapar de toda ilusión de eternidad mientras se canta la desdicha del momento. Porque la poesía es siempre un cuerpo para establecer los significados de la frustración, el veneno de la desolación y el terrible anhelo de querer satisfacción en un mundo que vanagloria los residuos, la simple superficie de las máscaras.

Ayer te besé en los labios.
PEDRO SALINAS
Tal vez no vuelva a ser el bohemio
que ayer invitaste a recorrer el mar
sentados frente al televisor de tu living
inventando historias antiguas que luego
eran transmitidas en las caricias de la noche
que cerraban nuestras cortinas de angustia
mientras acariciaba tus senos con mis labios
flotando como astronautas sobre la luna
encendiendo las grutas de luz
que en tu cuerpo penetraban incesantes,
el tiempo llenaba de ceniceros tus ojos…
mientras nos mirábamos inmóviles en la playa
arrojados como latas de cervezas vacías
hasta que mis dedos mordieron tus manos
y cerraste los ojos sintiendo el dolor de mi soledad.
Te refugiaste en mi pecho
ante el temor de que la marea nos alcance.
El sol se pulverizaba en el ocaso hasta que sus cenizas
arreboladas estallaban furiosamente entre los farallones.
Estábamos fuera de Lima,
cerca de la eternidad del mundo.
Mientras regresábamos volvimos a quedarnos solos,
no sabíamos qué decirnos y volvimos a besarnos,
parecíamos niños curiosos
jugando en los jardines. (…)

El libro sigue una veta neorromántica, allí donde las imágenes intentan las reconstrucciones. Aunque Rivera apuesta por una poesía dionisiaca, allí donde el gran motivo es la del tránsito, la de la búsqueda, pero también la catarsis que se enfrenta ante la crudeza de la realidad. El que vive se diluye en las nostalgias, pero también se refugia en el desierto de las imágenes que cobran mayor intensidad mientras el dolor es espectacular y los sustitutos del placer, una simple simulación que acrecienta las ausencias.

No podemos negar el estigma de la ciudad y del ruido infernal de las urbes y su indiferencia en los versos de este intenso poemario. La ciudad es también un cuerpo desnudo y en crisis. La ciudad es para el poeta el estoicismo de caminar por los infiernos, es la condena del barro y la traición. Sin embargo, es también la posibilidad para la supervivencia, el cínico retrato de un mundo que ha reconocido su apocalipsis y aun así, sigue perdido en el placer de lo efímero. La ciudad, es pues,  artificialidad de cuerpos múltiples que supondrán la pérdida de toda identidad, de todo don por querer ser algo más que un encuentro clandestino, que un desnudo o copulación anónima:


IV

He visto arrastrarse a los hombres ante los espectros del crack: catástrofes, aspirando tuberculosis en los cigarrillos. Aquellas niñas se convirtieron en fantas­mas drogados que parieron a sus hijos en las calles, crecieron sin descubrir que eran sus padres los que murieron asfixiados en las alcantarillas del alquitrán. Las avenidas son cuarteles controlados por el smog de los vehículos que fumigan a los transeúntes en sus inodoros de Neón. En los engranajes del tráfico. He visto suicidarse a los semáforos; los lustrabotas y los ambulantes son desgajados por los policías.

La negra transpiración de la ciudad serán industrias que se comercializarán en el mundo. Se dispone cada vez de menos esperanzas, los eremitas y mendigos se­rán un peligro para las traducciones de la evolución. Los relojes de las iglesias se teñirán de sangre cuando caigan sobre ellas todas las almas condenadas a la ho­guera por causa de su estoicismo.

Cuantos pecados han sido falsificados en los templos para luego ser traficados por veinte monedas de pla­ta. El poeta debe ser la voz de los sueños que planifi­can las conspiraciones del universo.

Como todo neorromanticismo, el poeta es un escapista, pero no un huidor. Escapar es reinventar, no negar, no eximirse de la culpa de la vida y la tragedia de la libertad. Eso sí, la inconformidad es un lastre que hay que saber arrastrar, no obstante, Rivera tiene un as bajo la manga: el placer de los reencuentros, la metáfora que acerca a los amantes para ser devorados por sus lenguajes, por sus cuerpos de letras nuevamente.

VI

La poesía es la experiencia con la vida: inventar salidas imaginarias, describirlas como un intento de suicidio. Ella creyó descubrir la poesía entre bares y círculos lucrarlos,  monólogos de cuerpos que se resistían abandonarla, creyó conocer la pureza de las palabras entre el soliloquio de sus vestidos cayendo frente al espejo, malecones donde arrojaba botellas de whis­ky de sus úlceras, hasta encontrarse extraviada entre antros subterráneos que ella marcaba en los perió­dicos que utilizaban las prostitutas de la plaza “Bahía Rosa”, para despistar las patrullas de los canchos policiales. Ese aroma de jabón de citas entre sucios vagos esperándola. Ella pasaba minuciosamente ante el estado de estupor de sus desnudos hombros, re­cobrando el color de sus mejillas, la firmeza de sus labios donde pronuncié mi primer verso, entre aceras y hoteles perfumados por la fragancia de las solitarias calles en busca del amor, el aloe de sus cabellos entre las columnas de vientres transeúntes que se detenían a contemplarla perdiéndose entre la puesta del sol y las alamedas del comercio sex exprés.

El poeta sabe que el erotismo no es jamás el mostrarlo todo, sino que busca, antes que nada, el sugerir, la construcción simbólica de un estado de gracia mientras se reconoce la profundidad de las heridas y la violencia del tiempo. Lo erótico en Rivera es siempre un deseo por interpretar el caos que se engendra en las inconsecuencias, en el absurdo de los que transitan la ciudad con sus corazones digitales, con sus ansiadas ganas de absoluto, con el cuerpo que es llave e imposibilidad a la vez.

X

La tristeza es una grieta donde miramos escondidos el paso del amor. Y así conocí tu ciudad de la que tanto me hablaste perdidamente, ocultándonos en el elevador se transmutaban nuestros cuerpos en fetos.
Muchachas desvestidas ofreciendo sus habitaciones Inicia otro abismo donde el cielo ofrece la entrada al infierno. Desesperados encuentros reflejados en nuestra abstinencia.

Tengo que pensar en mi salud, dejar de escribir en tu piel mientras la noche incendia la ciudad, borrar tu nombre que escribiste en mi mano, soportando este tráfico donde los puentes han sido crucificados en medio de este caos donde la ciudad es arrollada.
Y nosotros volvemos a callar ante este silencio que nos aprisiona como una visión de estrellas en una carretera secuestrada por los automovilistas.

El objeto amado siempre es esquivo y se lo percibe líquido, vaporoso e inconstante. Amar es para el poeta una actitud de supervivencia, más que la de una simple excitación de los sentidos. El amor es la esperanza ante la muerte, el final del juicio de las indiferencias. Amar en una ciudad que devora las ilusiones y la necesidad de vida, es un acto heroico, pero anónimo. El poeta lo sabe por ello el verdadero sobrevivir es aquel que se va inventando mientras la muerte se ofrece sensual y seductora como un juego:


VII
A Rober, por tocar las puertas del infierno

Si tengo dos veces tu vida entre mi
única vida,
y juego a morir dentro de una de esas
vidas,
sobreviviendo con la vida que aún
quedaba en ti.
La muerte entonces parecerá otro juego
que la vida ha de jugar ante nosotros,
o nosotros hemos de jugar ante ella.
El amor ha inventado muchas muertes
para sobrevivir en esa vida que
siempre queda.

El amor es patente a lo largo del libro. La intensidad y sus múltiples significados enriquecen el viaje poético, pero también ofrecen la oportunidad para la reflexión. La paradoja es amar, acercarse es intervenir, es construir puentes que se inician en el ensueño y terminan en el deguste de lo corpóreo. El grado más intenso de este libro son quizás las referencias que el poeta hace a esa Beatriz indecible que habita la ciudad. El ideal es lo único que no se mancha con la grasa de las capitales, con la soledad de los semáforos, de los incautos robots que se consuelan con la sensualidad de las sombras, con la ilusión de lo obsolescente.

Sin embargo, el poeta es siempre un inconforme y busca en todo momento una ritualidad que se puede observar de manera más clara al final del libro. La redención es el amor, el amarse, el vaciarse en la intensidad del otro que también pierde el alma y se fusiona en uno. Ser uno es lo que estas hostias desean. El mal no es Tánatos, sino el mensaje de la realidad. Amar conlleva al sacrificio, a la conciencia de morir para acrisolar los espíritus. En un mundo donde morir es lo que se niega, Rivera nos ofrece, sin equivoco, sus imágenes sombrías y directas, sus vísceras azules que conmueven y ensordecen. Pues lo que se busca en el amor es la libertad, por eso lo que se quiere liberar con el amor, no es solo la absoluta eternidad, sino la unidad y sus contradicciones. La gran victoria del amor es pues, la gran victoria de ese cuerpo que ha vencido a la ciudad:


XX

"Y trató de decirles que el silencio es la única verdad
que las palabras tratan de desmentir, y volviendo los
ojos sobre ella le dijo: ve en paz y no peques más"
EL ÚLTIMO SERMÓN DEL MONTE
C.R.
He liberado mi corazón de su cárcel
y lo he dejado volar
para que así aprenda
la soledad de los hombres,
y he dejado mi mente en blanco
para que el mar reconstruya tu cuerpo
sobre la arena que empozan mis manos.
Una mujer haciendo el amor
no el reflejo del sol sobre un parabrisas
ni un parabrisas es el contacto de las olas sobre
los arrecifes.
Una mujer haciendo el amor
sobre la arena es el mar
un lecho de sudor ahogando la piel,
los órganos mutilados
de la excitación de los cuerpos celestes.
La carretera no existe
sin próximos avisos de ciudades.
Un hotel es la entrada a una gran ciudad
llena de casas con jardines regados de niños,
llena de escuelas.
Una mujer haciendo el amor
es el reflejo del sol sobre el hielo.

En suma, Hostias del mal es un libro dinámico y confesional. Su mensaje es la creación, el acercamiento y el retrato de lo corpóreo la clave para la vida misma. La celebración es el amor y la muerte como dos caras de la misma moneda. La hostia-sangre es la comunión directa con lo amado absoluto o el vacío de las frustraciones. El poeta no espera respuestas, sino que arremete con su ritualidad y soporta intensamente el peso del tiempo y el olvido.

"Países extranjeros" de José Miguel Junco - Paolo Astorga

Países extranjeros


Levitaciones: Delirios del ánima
José Miguel Junco
(Ediciones La Discreta, 2014)


Países extranjeros es un poemario rítmico e intenso, donde las palabras son impactos de bala sobre el espíritu angustiado. La revolución de este libro es el misterio de la soledad y la vida misma que se derrama cual lluvia disconforme, cual símbolo de los desmoronamientos.


Escrito por: Paolo Astorga

Países extranjeros (Ediciones La Discreta, 2014) del poeta José Miguel Junco (Las Palmas, 1951) son un conjunto de poemas de corte existencial, donde el anhelo de vivir es siempre una posibilidad contradictoria. El poeta intenta constituir un universo donde la muerte y la vida son espacios posibles para la expresión de los anhelos. Vivir es siempre un tránsito que va acumulando diversos significados, diversas experiencias que no culminan con la muerte, sino que cobran un sentido, a veces violento e irracional, a veces sosegado y profundo, pero siempre, la vida, es un viaje hacia el abismo, hacia la fusión de nuestra ceniza con el universo. El poeta lo sabe, por ello nos arroja a observar la siguiente escena donde la muerte es el escape, pero también el significado de las insatisfacciones:

A LOS CABALLOS SE LES REMATA, ¿NO?

They shoot horses, don't they?
Horace McCoy

En qué resignación terminará esa rabia,
dónde hallará solaz esa mirada
rebelde como un río innavegable.
En qué estación, de pronto, una mañana
se bajará impasible esa ansiedad
que ahora agita los brazos sin mesura.
Dónde ajustará el pulso para siempre
ese músculo arrítmico que impide
serenidad a un pecho atribulado.
En qué recodo de tu larga vida
se quedará dormido boca abajo
ese torrente de palabras locas.
Con qué ilusión, entonces,
recorrerás el alba inexplorada
para llorar, avergonzado,
por tus limitaciones inmutables.
Entenderás, al fin, por qué rematan
a los caballos que se caen de viejos.

El tiempo es carnicero de inocencias, es siempre la tensión de lo inevitable. Al tiempo se lo nombra, se lo metaforiza, pero no se lo puede detener. No hay mayor absoluto que el tiempo que va combando nuestras ilusiones, que va acrecentando nuestras frustraciones y nos acerca a lo inevitable. La muerte, nuevamente, es imagen de una contemplación, de un cuerpo inmóvil:

EL CADÁVER

Él yace, pero el sol le mortifica, impúdico,
el estado letárgico del músculo vencido.
Sin armas, indefenso, mezclado con el barro,
proyecto irreversible de fósil del futuro.
Ah, ese viento fatídico, insensato,
no respeta siquiera el descanso forzado.
Yace como una duna voluble, sin sentido,
desembocando, sabe Dios hasta cuándo,
en interrogaciones y angustias de otros ojos.

El mundo que habitamos es imperfecto e ineludible. Vivir es siempre deicidio. Un suicido prolongado que va madurando los lenguajes y se refuerza con la irracionalidad de los deseos. Ni el amor, ni la proyección de la fantasía y los sueños pueden escapar de ese país extranjero que es la muerte, las huellas de una lucha cruel y desigual donde cualquier estrategia, es solo un discurso para el olvido.

EL MUNDO QUE HABITAMOS       

Tan lejano e impreciso el mundo que habitamos,
imperfecto y ajeno en su extraña amalgama
de guerras intestinas, ambiciones y olvidos.
Nos viene con sus horas apresurado y tenso
escalando montañas o bajando a los valles
a empujarnos a metas fabricadas sin tino.
¿Dónde están las caricias espontáneas durmiendo?
¿Dónde el abrazo amigo perdió forma y sentido?
¿Ocultos en qué aspecto las palabras y el grito?
¿Sepultado en qué zanja el sueño colectivo?
El mundo que habitamos camina y nunca mira
más allá del sendero que le nace en los ojos;
insensible tropieza con las flores y sigue
un rumbo sin nostalgias, ni ternura, ni afectos.
El mundo que habitamos sin lados ni matices
nos obliga a enfrentarnos a deberes absurdos
fabricados en noches de delirio y sudores
cuando el tedio trabaja su estrategia en lo oscuro.

Y entonces nos encontramos ante las máscaras de lo absurdo y la fortuna que secuestran los deseos por constituirnos autónomos. La tragedia es siempre un viaje de conocimiento, el poeta lo sabe, por eso acepta su destrucción, sus eternos desdoblamientos.


SURELY SOME REVELATION IS AT HAND

The Second Corning
W.B.Yeats.

No es posible aceptar que todo se reduce
a administrar sin voluntad esta tormenta liberada
con la sola intención de pervivir al miedo
que atenaza el impulso naciente en lo más hondo.
Tendrá que ser el mar el encargado anónimo
de iniciar silencioso una corriente que, libre de las olas,
se propague más allá de las tierras conocidas.
Tendrá que ser el mar o será nada: lago domesticado,
cementerio de peces y pelícanos muertos de inanición,
muertos de muerte artificial, sin otras estridencias
que un murmullo creciendo en las orillas huérfanas.
Esas nubes, rosadas de repente, serán los gladiadores
que tuertos y tullidos retornen a la arena
con nuevas estrategias adictas a un combate
que ya no tendrá fin ni paz por ser firmada.
Será una eterna rebelión entonces, palmo a palmo
ganada al equilibrio que rompe por las ramas.
Palmo a palmo, de nuevo el cataclismo vendrá
con dinosaurios recobrados a soportar el agua
que se expanda cuando la tuerca, ya oxidada, quiebre.
Será así otro latir, otra esperanza,
mero eslabón de un tiempo impredecible,
cordial en el relevo necesario.

No obstante, el poeta también construye un espacio para la esperanza. El cuerpo y el amor son las llaves para la resurrección de lo posible (o imposible). La muerte aunque siempre patente, es vencida o superada por el movimiento vital del Eros que se esfuerza por constituirse, por empoderarse frente a las irracionalidades de la vida:

INVENTARIO

Allí, donde el dolor dejó su cuerpo inerte,
nació una decisión que no fue escrita
ni en libros ni en periódicos.
Sólo un pájaro blanco inadvertido
grabó para olvidar la extraña escena:
rosas poniendo espinas en los ojos
del cuerpo atormentado, sin sentido,
sin ropa ni ilusiones que ponerse
ese día a la orilla de la playa.
Se sabe o se presume que un instante
bastó para que un sueño de colores
recobrara entre nieblas los momentos
más tiernos, más intensos de su vida.
Tan joven, tan hermosa en la espesura
del súbito temblor y la impotencia:
ni el parque le hacía sombra a su mirada
ni el sol tenía la fuerza de su rostro.
Quiso, por un capricho delirante,
encontrarle razones a la pena
que habitaba su pelo alborotado.
Se le quebró la risa en el momento
en que su viejo amor resplandecía
como sacado de un tesoro oculto.
Lo demás fue volar por un momento
junto a viejas cigüeñas que pasaban
ocultando su rostro entre las alas,
encogidas y frías como un invierno.


En suma, Países extranjeros es un poemario rítmico e intenso, donde las palabras son impactos de bala sobre el espíritu angustiado. La revolución de este libro es el misterio de la soledad y la vida misma que se derrama cual lluvia disconforme, cual símbolo de los desmoronamientos. El poeta es un artífice de realidades, pero también quien desnuda las heridas, quien desenmascara las apariencias, quien tiene el don para entrar en la charca y salir más heroico, más vital.