lunes, 22 de diciembre de 2014

Un comentario sobre la ética de Cristo - Paolo Astorga

Un comentario sobre la ética de Cristo





Escrito por: Paolo Astorga


“Cristo como ética no solo es una herramienta para “adquirir algo”, sin embargo, Cristo hoy es pensado como un Papá Noel o un hada madrina al cual se le puede hacer peticiones para que nos la conceda. Se lo ha deformado de tal manera que en el imaginario común no es un ejemplo para construir nuestro ser, sino un medio que nos da algún beneficio, obviamente a cambio de algo.”


La ética está siempre referida como diría Fernando Savater con el “saber vivir”, a ese inventar y elegir. La ética se entiende como una forma de vivir dentro de una sociedad que no solo se reduce al cumplimiento de leyes o normas establecidas por la cultura, sino que es un modo de vivir bajo el inventar y elegir, es decir, estableciendo en nuestra vida un actuar. Toda ética es a fin de cuentas un paradigma que engrandece o envilece al hombre. Sin embargo, la ética supone una exigencia que va más allá del inventar y del elegir, consiste en hacer lo que quieras, pero teniendo la conciencia de tus actos, es decir, tomando responsabilidad de ellos. Toda ética es siempre sistemática y supone una especie de limitación y diferenciación con los demás modelos éticos. Pero no debemos entender a la ética como una mera dominación de nuestra libertad usando, paradójicamente, nuestra propia libertad, sino que la ética es siempre una posibilidad de manifestación de una serie de rasgos y acciones que fomentan la idea de “buen vivir”.

Ahora bien, como la ética se considera un modelo, debemos entender que practicar una determinada forma ética supone la adopción de ciertas actitudes, normas, reglas y formas culturales que constituyan el bien que se busca. Me interesa en este punto hablar de una ética particular, me refiero a la ética de Cristo.

En la ética de Cristo podemos determinar un centro discursivo concreto: el amor como medio persuasivo de trascendencia. La ética cristiana como modelo de actuación debe trascender el mero ritual religioso. Jesús jamás intentó instaurar un sistema religioso, sino que al contrario, buscó que su pueblo sea liberado, pero no en el sentido jurídico como sucede con el pueblo de Moisés, sino en el sentido más profundo que lleva a la conversión, a la transformación de una vida “incorrecta” a otra correcta por el amor.

Mientras que para el sistema religioso contemporáneo de Jesús la ley era la forma correcta de vivir, aun si esta ley era una forma de dominación y yugo para las grandes mayorías marginadas, en la ética de Jesús, la ley, aunque también es polarizada, se matiza con la idea del amor igualitario, con la del ejemplo estoico o la necesidad de luchar contra nuestros propios apetitos. El evangelio de Mateo reduce todo los mandamientos anteriores en esta frase: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.  La necesidad de amar responde a una ética revolucionaria para el contexto en el que vivió Jesús, sin embargo, hoy en día esta forma de vida de amar al otro como a uno, resulta casi imposible o por lo menos muy difícil, pues hoy el reconocimiento del otro, si no es harto confuso, resulta frustrante, acrecienta la incomunicación y se fundamenta lamentablemente como un huir de la soledad, mas no como una forma de unión auténtica.

La ética de Cristo es pues no solo el cumplimiento de la ley, no solo es la obligación de amar, sino que esta ética busca que, si se va amar, se ame en verdad, en libertad. La ética de Cristo es tremendamente libre, pero también se apoya en la idea de trasformación en el sentido más amplio y más personal. Cristo como modelo ético se debe de ofrecer no solo como un dogma, como lo hace cualquiera de las religiones que lo usan, sino como un paradigma de vida. Creo con fervor que el verdadero mensaje cristiano es la vida en Cristo, si es que esta es posible. Lamentablemente, a mi parecer, toda religión que se denomina cristiana de alguna manera es una deformación, una interpretación interesada del mensaje de amor y conversión de Cristo. La ética de Cristo como manifestación de su vida, me temo, es hoy tan peligrosa que es mejor reducirla a la ritualidad simbólica o a la simple idea de “salvación” por el miedo. Cristo como ética no solo es una herramienta para “adquirir algo”, sin embargo, Cristo hoy es pensado como un Papá Noel o un hada madrina al cual se le puede hacer peticiones para que nos la conceda. Se lo ha deformado de tal manera que en el imaginario común no es un ejemplo para construir nuestro ser, sino un medio que nos da algún beneficio, obviamente a cambio de algo. Cristo pensado y reducido hoy a una especie de dueño de una tienda, suele ser un escape, un refugio, pero no siempre la invitación a una transformación personal a la construcción de nuestra propia ética.

Creo que se debe de entender el mensaje ético de Cristo como imagen y manifestación de vida, como un ejemplo. Un ejemplo que debe suponer una vida que tome aquello que es “bueno” y que genere un modo de vida justo. Hoy es tan difícil seguir la ética de Cristo por el simple hecho de que nos resulta casi imposible amar o ver como igual al otro. Vivimos en una sociedad de la “defensa”, es decir donde las corazas sociales son más duras e impenetrables. La defensa es incomunicación, es miedo a ser dañado por el vecino y a veces por nuestro propio hermano. Vivimos en una sociedad de la defensa donde la paranoia de la muerte (del asesinato) genera una desconfianza descomunal.

Es un hecho. La buena vida no está solo en el ritual del creyente, sino al contrario, en la vida del que cree. Vivir acorde a nuestra creencia es una vida auténtica. La verdadera ética de Cristo es esa. Lo demás es un discurso comercial. El mejor convencimiento, el mejor gancho de persuasión de un cristiano es la vida misma, la manifestación de una ética que conlleve a una responsabilidad con nuestros actos. No se trata de fe ciega o de símbolos e imágenes que nos provean mágicamente de felicidad, sino que todo se puede reducir a la primitiva (y a la vez compleja) idea de vivir con el ejemplo. Toda religión es a fin de cuentas política, administración del poder. En cambio, creyente en un ser superior o no, el que vive una ética de lo justo, es tan igual que aquel que se ha ahogado en el ritual religioso creyendo ser diferente, ser superior, por el único motivo de haber “conocido la Verdad.” Me temo que este tipo de personas que creen que la verdad que han hallado es la única y, peor aún, es la fórmula de su “salvación” están equivocados. No hay que ser un erudito en las escrituras, un sacerdote con decenas de años de escrudiñar el evangelio, para entender que la “buena vida” que Cristo nos quiere entregar es la vida desde el testimonio, desde el buen actuar auténtico.

Y aunque el testimonio de vida debe condecirse con una sabiduría en el actuar, se debe entender además que toda ética es dinámica y cambiante. Escapa de un dogma que supone ya una especie de sometimiento. Es una decisión consecuente y en libertad. No es solo fundamentarse en la religiosidad, sino en el amor. La ética de Cristo es, al fin y al cabo, un testimonio que debe ofrecerse con amor, no desde los discursos del miedo (si no crees irás al infierno), ni tampoco desde el discurso mesiánico de salvación, ni mucho menos como un mero ritual de los domingos. La vida del que cree en Cristo, simplemente debe ser una vida de libertad y responsabilidad según la manifestación del amor. Lo demás es una idea deformada e interesada de ver la vida, de vivirla.


2 comentarios:

  1. Puede vivirse a Dios fuera de toda necesidad? Como se hace palpable?

    La vida en sociedad es deseo, luego la ética es conveniente tratándose de vivir con y para el otro.

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