lunes, 29 de diciembre de 2014

Enseñar con el ejemplo - Paolo Astorga

Enseñar con el ejemplo


Escrito por: Paolo Astorga


“Cuando alguien crea, ya sea un cuento, un poema, un artículo, un ensayo, una opinión argumentada, acerca de lo que ha leído, está realizando una actividad de desoxidación: Está pensando, está transformando su cultura y no solo la está reproduciendo. Está interpretando su mundo y no solo está quieto en él.”



El ejemplo tiene más fuerza que las reglas.
Nikolái Gógol



Siempre he creído que la mejor estrategia de lectura posible es a acercar a los alumnos a los libros. Es un hecho. Hoy en día los estudiantes de escuela están tremendamente bombardeados de una serie de medios de información que han modificado sus hábitos emocionales e intelectuales. Siempre que he ido a una casa ajena lo primero que he visto al entrar es una televisión. Es lo más cercano que la gente tiene y por eso el medio más directo de su entretenimiento y de información. En cambio los libros son como piedras preciosas en la ciudad. Se habla mucho de ellos, pero me temo que en un colegio, en la casa de un estudiante, en la del amigo del estudiante y hasta en la del profesor, es tan escaso como las ganas de leerlo. Y ni qué decir de su accesibilidad. Pero eso sí, oh paradoja, la información es monstruosamente grande. Todo está plagado de información que se produce y se reproduce a cada minuto. El estudiante usa su celular y envía un mensaje, chatea por Facebook, es un experto con la estrategia en Dota 2, es un genio poniendo apodos a sus compañeros o sacando la vuelta para no ir al cole y vender reservas para una fiesta clandestina. ¿Cómo aprendieron tanto nuestros alumnos?

La lectura es una actividad difícil, eso no se cuestiona. Puede ser entretenida, divertida, motivadora, emocionante, desestresante, edificante y mil millones de adjetivos más, pero es difícil. Leer no es solo convertirnos en “lectores”, ese nunca será el propósito. Leer es siempre una confrontación, una especie de lucha libre en donde vale todo. Un ejemplo: Daniel, es un estudiante de cuarto de secundaria y un profesor le ha mandado a leer Los Inocentes de Oswaldo Reynoso. Bien. Digamos hipotéticamente que Daniel al leer los cuentos de Reynoso, no solo se ha entretenido con la historia (si logra hacerlo, es un punto a su favor), no solo ha leído literalmente, sino que ha confrontado su saber, sus expectativas, su ética, su forma de ver el mundo, es decir, su ser completo, contra el discurso que plantea Reynoso. Hay cosas que le agradan del libro y hay otras que no. Pero hay algo importante que lo separa de ser un mero traductor: Crear. Crear es lo que lo separa de ser un lector común y convertirse en un productor de conocimiento. Sin embargo, en la escuela se ha olvidado que lo más importante es lo que siente, lo que piensa, lo que vive el estudiante. No se lo conoce, no se ha podido conversar con él, no es tomado como una posibilidad. Casi nadie da el ejemplo. Leer es solo una tarea, a veces tan aburrida que ya no importa sufrirla siempre y cuando no se salga desaprobado. Repito, no hay ejemplo.

El ejemplo es la piedra angular de toda la educación. La estrategia no sirve de nada si no hay ejemplo. Daniel pensará que leer Los Inocentes es solo una tarea si no hay ejemplo. Es más, quizás ni lo lea, quizás solo busque en internet resúmenes de Rincón del vago y ya, se habrá acabado el martirio. No. A muchos estudiantes hoy en día no se los piensa como una posibilidad, como seres con múltiples potencialidades. Es más, leer se ha reducido a ser parte de un curso, de una hora, de una pose para la foto, pero nada más.

Y es que el ejemplo es siempre un modelo, una guía para actuar, una influencia. Un maestro que hoy no es ejemplo, no sirve, así de simple. Si hablamos de leer, me temo que estamos entrando en una situación incómoda. Hace ya unos años en una presentación –oh destino, de Los inocentes, Oswaldo Reynoso decía que si queremos saber qué clase de profesor tenemos, debíamos preguntarle qué es lo que estaba leyendo últimamente. Yo recuerdo haber tomado esa pregunta como una especie de llave para conocer nuevas amistades, para saber cuáles son sus afinidades y hasta su forma de ver el mundo. A muchos colegas les he formulado esa interrogante y he comprobado que la mayoría no lee o lee libros que en su etapa formativa debió leer. Lo que es peor, no son lectores especializados y por último, no son amantes de la lectura diversa, es decir, leer sobre todos los temas posibles. Es triste, pero es. He presenciado clases de comprensión lectora y de producción de textos donde el maestro les decía a sus alumnos lo que debían hacer, les daba sendas estrategias para alcanzar el logro lector, pero, al preguntar a este maestro sobre qué era lo que estaba leyendo últimamente, me daba con la sorpresa que sus lecturas eran escasas o nulas “porque el tiempo y el trabajo no me deja”, no me sonrojo por la vergüenza de la “pequeñez” de su respuesta, sino que me hace sentir culpable porque de alguna manera soy parte del engaño. Ahora, imagínense si leer es una tarea titánica hasta para el profesor, cuán difícil será la de escribir. Sin duda el ejemplo juega un rol importante aquí.

Hay una frase –casi un mantra– que me ha permitido generar siempre debate con mis muchachos: "Leer, reflexionar y escribir". Nada más cierto. Les he dicho en algunas ocasiones a mis alumnos que si es posible huyan de la mera comprensión lectora, que escapen de ser simples máquinas reproductoras de ideas. Les he tratado de enseñar que la mejor estrategia de lectura es saber hilvanar nuestras propias visiones del mundo, de nuestra vida. Es más he llegado a lo radical: El mayor logro de un lector, es llegar a la escritura. Cuando uno de mis muchachos logra escribir algo suyo, es como si me hubiera sacado el pozo acumulado de la Tinka. Y no es para menos. Cuando alguien crea, ya sea un cuento, un poema, un artículo, un ensayo, una opinión argumentada, acerca de lo que ha leído, está realizando una actividad de desoxidación: Está pensando, está transformando su cultura y no solo la está reproduciendo. Está interpretando su mundo y no solo está quieto en él. Ahora bien, el proceso se puede acelerar si se les enseña a nuestros alumnos con el ejemplo, es decir, siendo nosotros los primeros en hacer la tarea. Un profesor que no lee o no escribe, que no promueve la cultura y el diálogo académico o creativo es un dinosaurio resucitado. El camino es largo, los estudiantes tienen una idea diferente y a veces negativa respecto a leer y a escribir, pero si el maestro –y vuelvo a decirlo, no es solo estrategia– es lo suficientemente comprometido con su labor, generará la motivación necesaria para hacer que los alumnos lean y escriban.

Dejemos de lado la idea de estándares, la idea de metas a cumplir a fin de año y pensemos más en Daniel, en Francisco, en Julio, en Sandra o en Alex. Ellos son nuestros estudiantes, no los intentemos reducir a nuestros muchachos a simples estadísticas cuyos suspicaces indicadores son inicio, proceso o logro. Odio a los maestros que solo llaman a sus alumnos para revisarles las tareas, que no los conocen, que no conversan con ellos en los recreos o en las horas libres, que no toman enserio sus trabajos o que no los comparten entre la comunidad. Odio a esos dinosaurios que se incrustan en un aula y jamás llegan con su maleta llena y pesada de libros para prestar. Odio a esos vendedores de contenido que han olvidado que todo alumno es siempre un proyecto, un ser humano.

Lo único que queda es la eterna perseverancia. Creo que eso es lo que genera el buen ejemplo. Si quieres que tu alumno lea y escriba, pues, hazlo tú primero y no claudiques en el intento. Demostrar que tienes agallas para enfrentar los gravísimos problemas de la educación nacional, es ya una victoria. Sin embargo, es necesario aprender que cada estudiante es un mundo y que cada mundo tiene un gran talento que hay que sacar a la luz. Creo que lo mejor que puede ofrecer un colegio consiste en desarrollar la sensibilidad, creatividad y talento de los alumnos, por eso pienso que la comprensión de lectura es una etapa del largo proceso para tomar la responsabilidad de nosotros mismos, ir creciendo, ser autónomos y vivir en libertad.

1 comentario:

  1. Duro pero muy cierto... Los que no leen no saben lo que se pierden; y para aquellos que hemos adquirido el buen hábito de la lectura, nos queda mucho por hacer... porque como dice este artículo: "Leer, reflexionar y escribir". Que la lectura nos lleve a la reflexión, la reflexión que nos conduzca a transformar nuestra vida, nuestro mundo, para que desde el interior de nuestro mundo podamos escribir para el mundo...

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