domingo, 29 de diciembre de 2013

"Taita Serapio" de Sócrates Zuzunaga Huaita - Paolo Astorga


Taita Serapio
Sócrates Zuzunaga Huaita
Eclosión Editores – Nictálope Editores, 2013



“Cuando estuve trabajando en la sierra, pasaba por un pueblo y había un señor, anciano él, que siempre paraba ebrio; que, para ganarse una copa de licor, contaba anécdotas y chistes. Taita Serapio le decían al señor”. Con este breve testimonio se nos presenta el libro Taita Serapio del escritor peruano Sócrates Zuzunaga Huaita (Ayacucho, 1954), el cual contiene una serie de relatos breves donde el personaje principal taita Serapio, se presenta como el perfecto pícaro andino. Es un personaje anecdótico que no se presenta como un estereotipo del sujeto andino, ni mucho menos como un personaje lejano a nuestra realidad. Es burlón, vicioso, propenso al trago y al sexo como necesidades que le permiten una inusual felicidad. Este pícaro tiene todos los defectos habidos y por haber y se presenta como un ser marginal y políticamente incorrecto, sin embargo, es a partir de su contacto con la sociedad dirigente, con la discriminación, con la frustración y la marginación, que criticará duramente a lo establecido. No es un “cholito cualquiera”, sino más bien, es un demonio feliz que con humor y grandes cuotas de ironía, nos muestra nuestra hipócrita sociedad presa de la alienación y la exclusión.

Podemos observar a lo largo del libro que nuestro taita Serapio transita por dos mundos: el de la ciudad y el de la sierra. Ambos espacios le darán la savia para generar sus anécdotas y situaciones embarazosas, muy jocosas, pero, con alguna cuota de crítica social. En el breve relato “Burla en la ciudad” vemos un ejemplo:

Taita Serapio pasaba por una calle de la ciudá de Lima, cuando en eso, escuchó quialguien en su detrás decía:

-¡Serrano bruto!

Púchika, qué caray, nuestro gran amigazo se revolvió como un torillo rabioso y se encaró al insolente: se trataba diún jovencito blanquiñoso, bien vestiu, a la moda, con camisa floriada y pantaloncitos ajustados, con gomina en los cabellos y brillantez zapatos.

-¿Serrano bruto? –masculló, echando candela por los ojos, arremangándose la camisa, presto a pelear.

Cuando en eso, diún repente, se cogió los porongos de la entrepierna y gritó:

-¡Pero con buenos cojones, carajo! ¡Y no como tú, alimeñau de mierda, perfumadito de flores, más delicau quiuna cáscara de hueyvo, quianda como que pisando un caminito de nubes todo movedorcito de cadera, y harto cosquilloso como que diciendo: ¡ay, no miatoques!... ¡ay, no miatoques!...


Como todo pícaro taita Serapio tiene ciertas características generales como un aparente bajo nivel cultural y el deseo por satisfacer necesidades primarias como: comida, bebida y sexo; además de oralizar sus pensamientos. Sin embargo también posee el aprendizaje de la experiencia por medio de la violencia, la marginalidad y la exclusión, sin  embargo no es un ser indefenso. El mundo de lo “moderno”, es decir, la ciudad de Lima, se presenta para nuestro querido personaje harto conflictivo y contradictorio respecto a su idiosincrasia. Vemos relatos muy interesantes como “Alienación”, donde existe una negación por la verdadera identidad andina que en la ciudad capital debe reprimirse por considerarse como algo inferior y “vergonzoso”; o el excepcional y altamente humorístico relato “¡Ni más voy a Lima!” en donde nuestro personaje se verá enfrascado en una situación embarazosa a raíz de la satisfacción de una necesidad fisiológica. Este relato enfrenta a este pícaro con la representación simbólica del Estado como poder hegemónico (Un policía) y la representación simbólica del poder económico (Un comerciante), generando una situación que en lo superficial nos parece muy risible y por demás un clásico de picaresca, pero que en lo profundo, nos muestra una realidad aún patente: la discriminación y la marginación en una ciudad ridícula e hipócrita.  Leamos:

¡Ni más voy a lima!

Recién llegadito de la sierra, taita Serapio sincontraba caminando por el centro de Lima, cuando, en eso, caray, tuvo deseos de pujar su necesidá.
— ¿Y aura quíago, carajo, adonde voy, siacá nuay campo ni corral ni chacra? — dijo.
Y, no pudiendo aguantar más la cosa, se bajó el pantalón en un rincón de la calle e hizo el asunto sobre un papel de periódico y, ahí mismito, lo envolvió como si juera un paquete común y se lo puso debajo del brazo, todo nervioso él.
Un policía municipal que notó su nerviosis­mo, se acercó y le preguntó:
— ¿Qué llevas ahí?
— Este... yo... ¡Un kilo de manteca, señor!
— Ah, un kilo de manteca  —dijo el policía, todo cachaciento, balanceando su palo negro, mirándolo con harta desconfianza. ¿Y dónde lo compraste?
— Este... pues... ¡En la bodega de la esquina, señor!
— Ah, en la bodega de la esquina... A ver, va­mos para allá. Ahora hay comerciantes inescrupulosos que están engañando en el peso de la mercancía.
En la bodega, el policía pidió al comerciante que verifique el peso del paquete.
Púchika, faltaban cien gramos pa' que seya un kilo completo.
— Ah, conque usted está engañando a sus clientes en el peso — dijo el policía.
— ¿Yoooo? — siasombró el comerciante —. ¡Yo no le vendí nada a este serrano, señor policía!
— ¡Cómo que no, carajo! — siamargó el policía, golpeando el mostrador de la tienda — . ¡A ver, abra el paquete para ver!
Y el tendero lo hizo así. ¡Y ya pueden imagi­narse lo que encontró!
Diay, dizque taita Serapio salió derechito a la cárcel por cochino y cagón.
Por eso, cuando llegó a nuestra querencia, lle­gó todo rabioso, diciendo:
— ¡Ni más voy a Lima, carajo, porque allá todo está bien controlau! ¡Allá, tienes que cagar un kilo completo o si no te vas derechito a la cárcel!

Para taita Serapio, Lima es un campo de batalla cuya única fórmula infalible para sortear satisfactoriamente la discriminación y el ninguneo, es el humor y el enfrentamiento frontal, con el poder que discrimina. Taita Serapio sabe que las más grandes armas que tiene contra la discriminación y marginación, es su voz, su propia interpretación del mundo y la lucha, no por cambiar al sistema (sueño, utopía), sino por “sacarle la vuelta” al mismo, para sobrevivir en una ciudad que acultura y destruye los sueños. El discurso de taita Serapio es directo y defensivo, mordaz.

En suma, nuestro personaje debe aprender a vivir en un país que ya no le pertenece, con gente que le irá enseñando por las buenas o por las malas a no dejarse derrotar. Nuestro taita, no es un cobarde, sino que irá aprendiendo las “malas mañas” de las personas “buenas” y no se volverá malvado, sino que se convertirá en alguien astuto. No hay opción, el pícaro debe asegurar su existencia y tentar su felicidad; y aunque para algunos taita Serapio nos parezca un ser ignorante y repulsivo, él sigue feliz bebiendo, comiendo, gozando y criticando la hipocresía, política, cultural y religiosa con el pedazo de vida que los apus le dieron.






Paolo Astorga

2 comentarios:

  1. excelente producción de Socrates Zzunaga y felicitaciones por el articulo...

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  2. Ancha allinmi, ichaqa pisillaraqmi hamutaykuna kachkan. Kusikunim kay qillqata likaykuspay. Qamya allinlla wawqiy Socrats kukay.

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